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    La vivienda como manifiesto: Reflexiones sobre el hogar y el territorio ideal

    Las presentes líneas no nacen desde mi rol técnico como asesor del concurso de vivienda evolutiva, sino desde una esfera más íntima: son consideraciones personales sobre el habitar y el país que proyectamos.

    El territorio como premisa de diseño

    Mi visión se fundamenta en un contexto geográfico específico: una nación de baja densidad demográfica, caracterizada por su vasta llanura y la existencia de comunidades que, hoy, permanecen aisladas. Bajo esta premisa, concibo mi vivienda ideal resuelta íntegramente en planta baja. Esta decisión no solo responde a la amplitud del territorio, sino a un compromiso ineludible con la accesibilidad universal, garantizando el desplazamiento autónomo de personas con movilidad reducida o dolencias temporales, prescindiendo de barreras arquitectónicas.

    Evolución, autonomía y tejido social

    Por imperativos de eficiencia económica, la vivienda sería estrictamente evolutiva. En mi esquema, se descarta el condominio de medianeras, privilegiando la independencia estructural. El núcleo del hogar integraría una huerta-granja, concebida no solo como un soporte para la economía familiar, sino como un espacio pedagógico donde las nuevas generaciones aprendan el valor del cultivo y el contacto directo con la tierra.

    Complementariamente, la propiedad contaría con un taller o pequeño pabellón de usos múltiples. Este espacio tendría la doble función de facilitar el mantenimiento del hogar e incubar potenciales emprendimientos productivos. Pese a esta búsqueda de autonomía, la vivienda no se plantea como un ente aislado; el Homo sapiens es un ser gregario por naturaleza y la presencia de buenos vecinos resulta un pilar indispensable para el bienestar social.

    Sustentabilidad y movilidad integrada

    La arquitectura propuesta se alinearía rigurosamente con las normativas de habitabilidad, sustentabilidad y ecología, tanto las vigentes como aquellas que el futuro nos demande. En este sentido, la movilidad urbana juega un papel central: el diseño contempla un área específica para bicicletas, promoviendo desplazamientos saludables y no contaminantes dentro de un radio de seis kilómetros.

    Dentro de este perímetro funcional, debería situarse el ecosistema cotidiano: el lugar de trabajo, los centros educativos y los servicios de salud. Para distancias mayores, la movilidad se complementaría con un vehículo motorizado, asegurando siempre una conexión eficiente a una red vial que garantice la integración con todo el territorio argentino, incluso ante condiciones climáticas adversas.

    Diseño resiliente y soberanía energética

    La vivienda estaría proyectada con una cota de nivel superior al registro histórico máximo de inundaciones, asegurando su resiliencia. En cuanto a su funcionamiento interno, estaría preparada para la captación de energías limpias, incluyendo un sistema de recolección y reservorio de agua pluvial.

    La vida doméstica convergería en una cocina de dimensiones generosas, diseñada para el procesamiento y almacenamiento de los productos derivados de la huerta propia. Finalmente, en este entorno de libertad, los animales de compañía habitarían sin ataduras; la mansedumbre de mis perros sería el reflejo de un ambiente de respeto y cuidado.

    Daniel Carmuega
    Daniel Carmuegahttps://dolmen.com.ar/arquitecto-daniel-roberto-carmuega/
    Arquitecto UBA, Director Revista vivienda 1989-2010. Desarrollado el sistema constructivo TENTHOME. Funda «Equipos D. C.», posteriormente llamado "Parque del Constructor". Profesor de ajedrez

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