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    LA CRÍTICA CONSTRUCTIVA El proyecto como origen del costo directo

    En la construcción de una obra, el costo directo en vivienda unifamiliar no aparece recién al iniciar la obra, sino que se gesta desde las primeras decisiones de proyecto. Cada elección adoptada durante el diseño tiene una consecuencia económica concreta, ya que define de antemano qué recursos serán necesarios para llevar la obra a la realidad. Mano de obra, materiales y equipos no constituyen variables independientes, sino que forman un conjunto inseparable condicionado por la lógica proyectual.

     

    Proyectar una vivienda implica mucho más que resolver espacios y funciones. Supone seleccionar sistemas constructivos, tecnologías y modos de ejecución que determinan el volumen y el tipo de recursos que deberán movilizarse. El proyectista actúa como el primer organizador del proceso productivo, aun cuando no intervenga luego en la ejecución directa. Desde la definición estructural hasta el detalle más simple, el proyecto establece la forma en que se trabajará, los tiempos previstos y el nivel de precisión requerido.

     

    Cuando el proyecto alcanza su grado de definición técnica, el costo directo deja de ser una estimación difusa para transformarse en una referencia concreta. La documentación técnica expresa con claridad qué materiales se utilizarán, con qué calidades, bajo qué criterios de ejecución y con qué exigencias de control. En una vivienda unifamiliar, estas definiciones abarcan desde las fundaciones hasta las terminaciones, pasando por estructuras, cerramientos e instalaciones, cada una con su correspondiente traducción económica.

     

    La claridad del proyecto resulta determinante para evitar desviaciones en el costo directo. Un diseño bien resuelto reduce la improvisación, ordena la secuencia de tareas y permite un uso más eficiente de la mano de obra y de los equipos disponibles. Por el contrario, las indefiniciones proyectuales suelen derivar en retrabajos, desperdicios de materiales y pérdidas de tiempo que impactan directamente en el costo de la obra.

     

    Asumir el costo directo como una variable propia del proyecto fortalece el rol del proyectista y contribuye a la viabilidad global de la vivienda. El proyecto deja de ser sólo una intención formal para convertirse en una herramienta de control técnico y económico, capaz de anticipar el modo en que los recursos serán utilizados y de garantizar que la obra pueda ejecutarse dentro de parámetros razonables de calidad y costo.

     

    Por Gustavo Di Costa (*)

     

    (*) Arquitecto. Profesor de la Facultad de Arquitectura en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

     

    Gustavo Di Costa
    Gustavo Di Costahttps://dolmen.com.ar/arq_daniel_dicosta/
    Arquitecto. Profesor de la Facultad de Arquitectura en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Co-Director de ConTécnicos SRL, empresa dedicada a la capacitación en temas de arquitectura y construcción

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