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    LA CRÍTICA CONSTRUCTIVA Vivienda compartida y nuevas lógicas de inversión

    El mercado inmobiliario atraviesa una etapa de adaptación acelerada frente a cambios profundos en la manera de vivir y de vincularse con el espacio. Las formas tradicionales de habitar conviven hoy con modelos más flexibles, atravesados por la tecnología y por estilos de vida menos rígidos. En este contexto, los desarrollos orientados al alquiler temporario, a estudiantes y a comunidades residenciales compartidas ganaron protagonismo como respuesta directa a una demanda que prioriza la experiencia, la conectividad y la posibilidad de interacción social.

     

    Uno de los modelos que mejor sintetiza esta transformación es el coliving, una tipología que surge como consecuencia de tensiones urbanas concretas. Su origen se remonta a entornos altamente dinámicos, donde la falta de vivienda accesible coincidió con la llegada masiva de jóvenes profesionales interesados en compartir no sólo un espacio físico, sino también intereses, actividades y formas de vida. Frente a esa realidad comenzaron a desarrollarse edificios pensados para fomentar la convivencia, en los que las áreas comunes adquieren un rol central y el habitar se concibe como una experiencia colectiva.

     

    Este tipo de propuestas puede entenderse como una evolución natural de los espacios de trabajo colaborativo trasladados al ámbito residencial. Así como el coworking redefinió la forma de trabajar, el coliving propone una nueva manera de vivir, en la que personas con perfiles afines comparten vivienda sin resignar privacidad, al tiempo que mantienen una dinámica activa de intercambio profesional y personal. La casa deja de ser un ámbito exclusivamente individual para convertirse en un entorno de relaciones, aprendizaje y colaboración cotidiana.

     

    Desde el punto de vista inmobiliario, estos desarrollos presentan un atractivo particular. Al integrar servicios y ofrecer una experiencia residencial ampliada, logran niveles de rentabilidad superiores a los esquemas de alquiler tradicionales. La combinación entre renta habitacional y prestación de servicios asociados genera un modelo económico más dinámico, capaz de superar los márgenes habituales del arrendamiento residencial convencional, que en muchos casos muestra rendimientos limitados frente a la inversión requerida.

     

    La consolidación de este tipo de emprendimientos también se refleja en el creciente interés del mercado y en la rápida absorción de las unidades disponibles. Proyectos recientes muestran altos niveles de preventa y una fuerte demanda incluso antes del inicio de la obra, lo que evidencia un cambio en las preferencias tanto de los usuarios como de los inversores. Frente a opciones de capitalización más clásicas, estas propuestas irrumpen como alternativas innovadoras que cuestionan los parámetros habituales del negocio inmobiliario.

     

    Para que este modelo funcione de manera sostenida, resulta clave atender a las características específicas del proyecto y a los elementos que lo vuelven atractivo para los futuros residentes. La calidad y diversidad de los espacios compartidos, la incorporación de servicios complementarios y la gestión eficiente del edificio juegan un papel determinante. Terrazas de uso común, áreas de trabajo y estudio, espacios recreativos, instalaciones deportivas y servicios centralizados no sólo mejoran la experiencia del usuario, sino que fortalecen la viabilidad económica del emprendimiento.

     

    La figura de una gestión profesionalizada, apoyada en herramientas digitales, permite además optimizar la administración y facilitar la interacción entre residentes y operadores. Aplicaciones específicas, responsables de edificio y sistemas de asistencia permanente se integran al funcionamiento cotidiano, reforzando la percepción de valor y simplificando la vida diaria de quienes habitan estos espacios.

     

    En definitiva, el coliving representa mucho más que una nueva tipología residencial. Es la expresión de un cambio cultural y económico que redefine la forma de habitar y de invertir, proponiendo modelos más acordes a las dinámicas contemporáneas. Para el mercado inmobiliario, estos desarrollos constituyen una oportunidad de innovar, diversificar la oferta y responder a una demanda que ya no busca únicamente un lugar donde vivir, sino una experiencia integral de uso del espacio.

     

    Por Gustavo Di Costa (*)

     

    (*) Arquitecto. Profesor de la Facultad de Arquitectura en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

     

     

     

    Gustavo Di Costa
    Gustavo Di Costahttps://dolmen.com.ar/arq_daniel_dicosta/
    Arquitecto. Profesor de la Facultad de Arquitectura en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Co-Director de ConTécnicos SRL, empresa dedicada a la capacitación en temas de arquitectura y construcción

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