Le Corbusier no era su nombre real, era un personaje que se construyó a sí mismo. Detrás de la obra estaba Charles-Édouard Jeanneret Gris.
Este visionario suizo-francés (1887- 1965) no solo proyectó estructuras de hormigón armado, sino que sentó las bases de una nueva civilización urbana.
Somos más nosotros mismos, condición de ir cambiando.
Su padre lacaba cajas de relojes y su madre era pianista. Empezó como grabador y cincelador de relojes a los 13 años. Esa formación artesanal marcó su impronta: construía su primera casa a los 17 años con una formación «tan sólo artesanal».
Era meticuloso y obsesivo: conservaba obsesivamente cada carta, dibujo y fotografía cpara la posteridad. Adoptó el pseudónimo «Le Corbusier» a los 29 años en París. Era una variación humorística de apellido de su abuelo. Quería romper con el pasado y crear una identidad moderna, anónima, como una marca.
Fue un polemista incansable. Desde su Revista L’Espirit Nouveau fustigaba la Escuela de Bellas Artes y la tradición anquilosada.
A diferencia de sus contemporáneos condicionados por la Academia, fue un «autodidacta del espacio».
La búsqueda de sentido es un encuentro entre la realidad dada y las propias posibilidades: síntesis y sello original del espíritu creador.
Su formación se consolidó en el «Voyage d’ Orient» (1911) donde el análisis de la arquitectura vernácula y la pureza del Partenón le revelaron que la arquitectura es, ante todo, la «combinación magistral, correcta y magnífica de volúmenes bajo la luz».
Esta búsqueda de la honestidad formal lo llevó a fundar el Purismo, una corriente estética que rechazaba el ornamento innecesario: un edificio debía responder a la economía de medios y la precisión técnica.
Le Corbusier aparece como alguien que buscó y encontró sentido a través de la creación y la actitud ante el destino. La Logoterapia dice que el sentido se encuentra a través de tres vías:
Sentido por creación, trabajar con entrega es una de las formas más cumplidas en Le Corbusier. Él no veía la arquitectura como un negocio, sino como una misión civilizadora: «La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes y de la luz».
El sentido por experiencia, el amor. La Capilla de Notre-Dame de Haut en Ronchamp (1950-1955) reflejan el amor y la contemplación de la belleza ( valores vivenciales). Abandona aquí la «máquina para vivir» y se rinde a la emoción y al silencio, experiencia espiritual.
El sentido de actitud ante el sufrimiento.
Después de muchos rechazos urbanísticos y críticas, no se amargó. Tomó lo desechado, lo rotó, lo que la vida le ponía delante y lo transformó en fuente creativa: un huevo se volvía el perfil de una viga, una caracola inspiraba la forma de un techo. Reacción poética y objetos encontrados (1930-1965) demostrando lo que afirmara Viktor Frankl
«Todo se le puede quitar al hombre, menos una cosa: la última de las libertades humanas, la de elegir la actitud personal ante las adversidades de la existencia».
Hoy, sus diecisiete obras declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO son testigos de un hombre que, tratando de definirse y «construirse a sí mismo» dejó su sello
«diseñando una forma de habitar la modernidad»…
Autora:Lic. Susana Cesanelli
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