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Con este artículo se da cierre a la línea de aquellos que abordan el empleo de diferentes geosintéticos en la constitución de las SAMI definidas anteriormente, analizando el caso de las grillas y geogrillas.
Este tipo de geosintéticos se introducen en el sistema SAMI principalmente para coser las fisuras y disipar la energía de propagación de estas. Esto se logra inicialmente con una grilla, es decir, un sistema de membrana con aberturas que permiten el contacto íntimo entre la superficie de pavimento deteriorada y la nueva capa de rodamiento, asegurando la adherencia y la solidaridad resistente entre las capas. Además, puede existir una configuración de supuesto mayor nivel de respuesta cuando se suma al sistema una membrana impermeabilizante, pasando a constituirse las geogrillas, que pueden asumirse entonces como un geocompuesto.
Las geogrillas logran alterar el mecanismo de fisuración, pues cuando esta alcanza su posición, la geogrilla absorbe la tensión de tracción en la punta de la fisura de propagación y la convierte en varias microfisuras con menor potencial de propagación, mecanismo de trabajo ya analizado en artículos anteriores.
Por otro lado, las grillas pueden constituirse de dos modos. Uno es por un tejido o entrecruzamiento de filamentos sintéticos (Figura 1), generalmente de poliéster o de poliamida, no recomendándose las grillas de fibra de vidrio en recapados asfálticos debido a su baja resistencia a la fatiga, rigidez y fragilidad. El otro modo es por láminas perforadas (Figura 2), fabricadas a partir de procesos de tracción unidireccional o bidireccional, normalmente de polietileno o polipropileno. Así como se tienen grillas tejidas y por láminas perforadas, con la adición del geosintético, tejido o no tejido, se puede contar con geogrillas tejidas (Figura 3 izq.) o geogrillas de láminas perforadas (Figura 3 der.). Para su empleo en SAMI el uso generalizado se encuentra en las grillas y geogrillas tejidas.
Para asegurar la función de la grilla o geogrilla, en repavimentación asfáltica, de reforzar las capas del pavimento a fin de prevenir la aparición de fisuras reflejas, debe verificarse que la adherencia entre la mezcla asfáltica y el material de refuerzo sea óptima, a fin de permitir la distribución y transferencia de los esfuerzos de tracción entre el refuerzo y el pavimento antiguo. Así, el geosintético absorbe los esfuerzos debidos a las cargas dinámicas cíclicas derivadas del tránsito a largo plazo, lo que se traduce en una necesaria respuesta a fatiga del material.
Por lo expresado, para que la adherencia sea óptima, el coeficiente de dilatación entre la geogrilla y el refuerzo asfáltico no debe ser amplio, o, dicho de otro modo, el módulo de elasticidad de la geogrilla no debe ser muy alto respecto del refuerzo asfáltico.
Cabe mencionar que, para evitar problemas por sus álcalis, en el refuerzo de pavimentos de hormigón con estos materiales corresponde la colocación previa de una capa asfáltica de bajo espesor, que sirva de separador entre ambos, como suele ser el caso de una arena-asfalto.
Finalmente, vale la pena señalar que el proceso de colocación es análogo al ya comentado con otros geosintéticos, implicando un riego inicial, el extendido de la grilla o geogrilla, su pisado para asegurar una buena adherencia, el riego asfáltico final y la colocación de la capa asfáltica de cobertura (Figura 4).
Figura 4. Proceso de colocación de una grilla o geogrilla como SAMI
Con este artículo y los dos anteriores se ha realizado un panorama de los principales aspectos del empleo de geosinteticos en sistemas SAMI. El lector puede a partir de esto profundizar en aquellos tópicos relacionados que le resulten de interés.
Nos seguimos leyendo.



