La madera después de la piedra ha sido el componente más usado por el hombre en la construcción de viviendas desde el mismo origen de la humanidad.
Su uso en la construcción está extremadamente generalizado: Puertas, ventanas, cielorrasos, pisos, columnas, distintos tipos de placas, herramientas, etc., etc.
La Argentina cuenta con amplias zonas forestales divididas de la siguiente manera: El norte mesopotámico con maderas blandas en sus distintos tipos de pinos. El Chaco impenetrable con maderas duras, como el quebracho y algarrobo. El bosque Salteño- formoseño con maderas mixtas. La Pampa con “El Caldén” y el sur de la cordillera actual con una gran variedad de maderas mixtas y nombres.
La Argentina en su tradición constructiva devenida de los italianos y españoles con su construcción manposteril delego este material a funciones secundarias agravado porque a partir de mil novecientos cincuenta aparecieron “las casillas” de madera, de mala calidad para solucionar problemas de crecimiento anómalo en el conurbano bonaerense.
En la Península escandinava en Estados Unidos y Canadá, este material ocupa el primer lugar en la construcción de viviendas.
Como ejemplo diríamos que “La Casa Blanca” tiene su estructura de madera.
Así la fea palabra argentina: prefabricada se convierte en el norte de Europa en la hermosa palabra pre- fabricada.
Este pequeño debate que empezamos hoy con la clasificación de las maderas según su densidad tropieza con un tema que en los próximos años debería ser tratado como política de Estado.
El avance de territorios con suelos para granos va en detrimento de la política de áreas forestadas.
Habría que definir cuidadosamente cuales son las áreas forestales a preservar.
Y por último un breve consejo académico:
La inclusión del tema “construir con madera” en todo aprendizaje pedagógico de la construcción.